domingo, 28 de marzo de 2010

La vecina de Clara.

Almudena, la vecina de Clara, salía todos los días a pasear por el barrio con su perro galgo afgano color marrón. Ella y su perro vivían en un departamento de dos ambientes en el 5to. Piso B de un bonito edificio a pocas cuadras de la plaza de Prosperidad. Clara con su familia vivía en el mismo edificio pero en el 5to. A.
Las vecinas siempre se encontraban en el palier, en el ascensor, en la puerta de entrada o en la calle y se saludaban amablemente. Almudena sacaba a pasear a Bombón, tal el nombre del galgo marrón, tres veces al día, a la mañana, al mediodía y a la noche, todos los días, llueva, truene o nieve.
La conversación entre ambas nunca superó el “buenos días”, “¡qué bonito está el perrito hoy!, ¿está bañado y peinado? ¡Se lo ve tan majo!”, “¿no muerde?” “¿lloverá?”,”¡qué calor!, ¿el perrito no tiene calor con ese pelo tan largo?” y cosas por el estilo, o sea, conversaciones de lo más normal para dos vecinas que compartían el mismo palier.
Había un solo lugar al que Almudena no iba con Bombón; a la misa de los domingos en la iglesia frente a la plaza. De ese detalle se había percatado Clara, que estudiaba los movimientos de su vecina, porque para Clara la vida de Almudena era un verdadero enigma; no tenía familia, ni amigas, ni parientes y nadie venia a visitarla. Nada. En fin, “pobre chica, que sola está” solía decir.
Hasta que un día, sintió la sirena de una ambulancia. Se asomó por la ventana y vio que estaba estacionada en la calle, frente al edificio. Se metió para adentro, cerró el vidrio y corrió la cortina. “¿Qué habrá pasado?” pensó. Inmediatamente, sintió que la puerta del ascensor se abría en el palier, se asomó a ver por la mirilla y vio al personal de la ambulancia con una camilla plegable y a un cerrajero que intentaba abrir la puerta con una caja de herramientas. Su corazón dio un brinco.
Clara se persignó, pero no dejó de mirar por la mirilla, un sudor frío le corría por la espalda y le temblaban las piernas, pero por nada del mundo se movería de su lugar.
El cerrajero abrió y todo el equipo de paramédicos ingresó al departamento.
Al cabo de unos minutos, que parecieron horas, Clara presenció espantada, como sacaban en una camilla tapada con una sábana, lo que parecían dos cuerpos, uno arriba de otro. No entendía muy bien lo que estaba ocurriendo y la curiosidad pudo más; abrió la puerta de un golpe para ver que llevaban en esa camilla y en ese preciso momento, por culpa de la corriente de aire, la sábana se cayó al piso dejando al descubierto lo que sus ojos hubieran preferido no ver jamás. Almudena estaba tendida de espaldas en al camilla y su Bombón arriba de ella. Sí, la había penetrado y se había enganchado. El pobre perro hacía fuerza para afuera, pero no podía salir.
Clara sintió en sus entrañas una convulsión tan fuerte, que creyó que iba a vomitar; vio la cara de su vecina, la de bombón que jadeaba y babeaba, la de los paramédicos y todo comenzó a darle vueltas. Sin decir una palabra se metió dentro de su departamento, cerró la puerta de un golpe y no volvió a salir por el resto del día.
A la semana siguiente, Almudena levantó todos sus muebles, su Bombón y se fue, nadie supo donde.
Clara es el día de hoy que no sabe qué decir, ni contestar, y siente un revoloteo en sus tripas, cuando le preguntan si sabe algo de su vecina, esa joven maja y guapa que paseaba su Bombón por el barrio. “Capaz que se lo comió” le dijo un día a otro vecino y no pudo evitar largarse una carcajada.

Esta es una historia verídica. Los nombres son ficticios. Ocurrió hace un par de semanas, en un edificio de la calle Clara de Rey.
I love Madrid!

7 comentarios:

Alicia Seminara dijo...

Ayyyyyyyyyyyyyyyy!!!!

Omaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrr!!!

Te juro, ya estaba buscando un pañuelito para enjuagar una lágrima pensando que de ahí sacaban dos cuerpos, el de la señora y su fiel perrito muerto de la tristeza!!!

Qué final!

Y qué bien redactado!

Polin dijo...

La necesidad tiene cara de hereje jajajaj nadie puede!!! Por último si estaba tan necesitada podría haber buscado a alguien jajajajja, genial el relato.

Anónimo dijo...

me paso lo mismo,pense en algo muy triste.ROX

Hisae dijo...

¡Qué fuerte!
Y es Bombón era mucho bombón... Pero no se derretía.
Muy buen relato.

Un abrazo, Omar.

Omar Magrini dijo...

Muchas gracias Alicia, me alegro que te haya gustado.Cuando me contaron la anecdota pensé lo mismo!! Ja, ja, ja!

Polin, es verdad, podria haber buscado otro tipo de compañia, pero como dice el dicho, "sobre gustos no hay nada escrito".

Rox, no, el final no fue tan triste.

Marito! gracias por pasar por el globo, y era un bombón un tanto especial!! jajaaj

Muchas gracias a todos por los cometarios.
Que tengan un muy buen día.
Omar

Mariana dijo...

Me estas jodiendo...
Y bue, cada uno hace lo que puede no........ eeeeeh.... y bue...ajajaja

Froiliuba dijo...

Yo siempre habia pensado que esas historias de personas y perros eran leyendas urbanas, pero si dices que es verdad... ue espanto.
También pensé que se habían muerto eh, lo has presentado de forma genial, conseguiste sorprender.

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