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lunes, 11 de enero de 2010

el día después del temporal.


Y así quedo la ciudad el día después del temporal. Impresionante la cantidad de nieve que cayó. Hoy a la mañana me levanté temprano para hacer unos trámites y la calle era un espectáculo que nunca había visto aquí en Madrid. Arriba de los coches había entre 5 y 8 cm de nieve acumulada y los arboles estaban blancos. El ambiente era un frezzer y el frío te cortaba la cara. Pero no todo era color de rosa con la nevada, los autos patinaban y se iban para cualquier lado, montones de nieve acumulada en las calles y veredas que no podias caminar, placas de hielo en el piso, la gente que se resbalaba y más de uno termino sentado en el hielo.
A media mañana salió el sol, derritió bastante nieve y alivió un poco la sensación heladera. El frío continua, y ahora se espera la lluvia.
Las fotos son del barrio, la plaza de Prosperidad (distrito de Chamartin), y alrededores. Que las disfruten.









jueves, 7 de enero de 2010

Invierno, nieve en Madrid.


Llegó el invierno puro y duro y desde la primera hora de hoy, jueves 7, está nevando en Madrid. El termómetro no se despega de los 2,5 grados. Hace un frío de locos.
La terraza del dpto. está llena de hielo, las macetas y las pocas plantas que están sobreviviendo al invierno, también.
Como verán en las fotos, los techos de los edificios vecinos están cubiertos de nieve, asi como los autos estacionados en la calle y el parque de Berlin (a 300 metros de casa) tiene sus pinos y los bancos pintados de blanco.
Para los próximos días se pronostica más frío en la península y algunos diarios se animan a decir que va a seguir nevando, así que a sacar las bufandas y los ponchos!










miércoles, 6 de enero de 2010

Los Reyes Magos en Madrid.


Ayer 5 de enero tuve oportunidad de presenciar mi primer desfile de reyes o, como lo llaman aquí la cabalgata de reyes. Los años anteriores para esta fecha siempre estaba en Argentina, pero esta vez cambié la fecha de regreso, justamente para estar presente en este evento. Me habían dicho que una multitud de niños junto con sus padres acudían al paseo de la Castellana para ver el paso de sus majestades y que los padres iban con escaleras (¿?) y sí, era verdad, los padres iban con las escaleras para que sus hijos se suban y puedan ver mejor el espectáculo.
Según dicen los diarios una de las más numerosas fue la cabalgata de Madrid, donde miles de niños y sus familiares han inundado el paseo de la Castellana pese al frío de la capital para ver pasar las carrozas. Así, mayores y pequeños se han agolpado a ambos lados de la calle para no perder detalle del desfile, este año dedicado a las culturas del mundo y a la paz.
Tengo que confesar que me emocionó y me fascinó el desfile, quizá la contorsionista colgada de unos globos blancos gigantes inflados con gas, los indios, los soldados confederados de la Unión, un barco del Missisipi con una banda de jazz tocando en vivo, saltimbanquis, un dragón chino, Mickey y Minnie no tengan cabida en mi idea de una cabalgata de reyes mayos del 6 de enero, (faltaron los camellos ) pero el resultado visual y el efecto sobre los niños y mayores allí presentes fue como de un encantamiento, como si pasara el flautista de Hammelin nos encantara y nos llenara de ilusión a todos.
Elefantes, jirafas (lo mejor del desfile), dibujos de la televisión y muchos otros animales y personajes desfilaron ante las miradas ilusionadas de los más pequeños de la casa, que no han parado de reclamar caramelos y otras chucherías.
Cada carroza de los reyes magos, de 2.000 kilos de peso, tenía aproximadamente unas 800.000 bombillas led. Además, todas estaban compuestas por cordones de luz, y la de Gaspar (que era una paloma de la paz), además, también tiene un efecto tintineo y la ultima carroza estaba llena de regalos para entregar a los niños. Unos 120 pajes acompañaron a los Reyes vestidos con trajes de diferentes culturas del mundo.
Una vez más Madrid vuelve a sorprenderme en una helada noche de 5 de enero, víspera de la legada de los reyes magos de oriente.











viernes, 6 de noviembre de 2009

Ovejas en la Puerta del Sol.


Que Madrid es una ciudad única, mágica y muy especial, eso lo saben sus habitantes y los visitantes, tantos los que se quedaron a vivir como aquellos que vienen de paseo y se vuelven a sus hogares. Hace un par de domingos atrás, quedó demostrado que Madrid no es cualquier ciudad, ya que más de 1000 ovejas han cruzado su centro convirtiéndola en la única capital del mundo por la que pasa un rebaño trashumante.
Organizada por el 'Concejo de la Mesta' y 'Trashumancia y Naturaleza', la Fiesta de la Trashumancia (*) ha celebrado su decimosexta edición con el paso de una nutrida comitiva en la que junto a las lanudas ovejas, no faltaron mastines, carretas de bueyes, pastores y una representación de la gente que pueblan las más importantes comarcas pastoriles de España.
La ruta pastoril ha salido a las 10 horas de la Casa de Campo por el Puente del Rey para llegar media hora después a la catedral de La Almudena. El rebaño ha continuado por la calle Mayor hasta llegar a la plaza de la Villa. (Hubo algún que otro cambio de recorrido en el medio) Allí, en la Plaza de la Villa,
siguiendo la tradición, el pastor mayoral ha entregado a un representante del Consistorio de la Villa y Corte matritense los 25 maravedíes -moneda española del siglo XV- estipulados por la Concordia entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Concejo de la Villa de Madrid firmada el 1418 como pago para atravesar las dehesas y prados de la capital durante cuatro días, a razón de 50 maravedíes por millar.
Unos cien mil madrileños salieron a la calle a ver a las trashumantes que, por primera vez en muchos años, cruzaron una Puerta del Sol ya libre de obras.
Párrafo aparte; era un día de mucha humedad ambiente y el olor a bosta (hay que decirlo), de todos los animales, era bastante fuerte y se sentía en todo el área céntrica, pero, luego del variopinto desfile, y, mientras personajes populares bailaban danzas típicas en la Puerta del Sol, se limpió todo el centro en cuestion de minutos. Admirable.

(*)Pastoreo estacional que consiste en pasar el ganado desde las dehesas de invierno a las de verano y viceversa.









domingo, 18 de octubre de 2009

Un domingo en El Rastro.

Domingo a las 14 horas era la cita, en un bar frente al Mercado de la Cebada, en el barrio de La Latina, pleno centro de Madrid. El motivo, el cumpleaños de un amigo. El menú, tapas variadas, vino tinto y cerveza. La ocasión, ideal para recorrer antes de la cita, el Rastro, el mercado callejero más tradicional de la capital española.
Por lo que pude averiguar entre la gente invitada al evento, el Rastro debe su nombre a que en la zona donde se instala se ubicaban antaño varias tenerías o curtidurías en torno a la calle de la Ribera de Curtidores cerca del matadero que se encontraba en la ribera del Río Manzanares, por lo que al transportar arrastrando las reses ya muertas con sus pieles desde el matadero hasta las curtidurías, se dejaba un rastro de sangre.
Otra versión, habla de una oscura leyenda, que atribuye también el nombre a la sangre que dejaban los condenados a garrote, que eran ejecutados públicamente en este lugar.
El término también significa las afueras, algo así como los arrabales, límite hasta donde alcanzaba la jurisdicción de los alcaldes de Corte.
Según la normativa municipal vigente, el Rastro tiene lugar todos los domingos y días festivos del año entre las 9:00 y las 15:00 en el barrio de Embajadores, en el
distrito Centro. Un máximo de 3.500 puestos de venta se extienden en torno a la Plaza de Cascorro y su monumento dedicado a Eloy Gonzalo en el extremo norte, el eje de la calle de Ribera de Curtidores y calles aledañas, la calle Embajadores al este, y la Ronda de Toledo y la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo al sur.

Tradicionalmente, la actividad comercial se centraba en artículos que no se comercializan en los mercados y establecimientos clásicos, como mercancías viejas y extrañas, rarezas y objetos diversos. Hoy en día hay de todo, se pueden encontrar en los puestos desde carísimas antigüedades hasta artesanías, libros, revistas viejas, estampillas, juegos de cartas, ropa de 1era., 2da. mano, accesorios de moda y calzado. En muchos puestos se regatea, pero si esa es la intención, aconsejan pasarse entre las 9 y las 10,30 ya que a partir de las 11 llega todo el malón de turistas y es el momento de mayor afluencia de gente.
A partir de las 14 horas la gente comienza a acercarse a los bares de la zona a tomar un aperitivo, ya sea un vermut, una copa de vino o unas cañas de cerveza con tapas, como nosotros que vinimos a festejar el cumple del amigo Turú.








Fotos de arriba hacia abajo:
Placa de la Plaza del Cascorro, corazón del Rastro.
Música con copas.
Puestos callejeros.
Medias para damas.
La biblia y barbie.
Galería de antigüedades.
Esculturas
Marionetas.
Gente caminando sobre la calle Ribera de Curtidores, principal eje del Rastro.


lunes, 14 de septiembre de 2009

¡Sandías cuadradas!

Recuerdo que cuando era así de chiquitito, todos los sábados, mi madre compraba una sandía en la feria callejera que estaba a 4 cuadras de casa. Aun tengo la imágen de mi padre acarreando una sandía en sus manos y mi madre, a su lado, con los bolsos llenos de verduras para toda la semana. En aquel tiempo, en mi Santa Fe querido, las sandías eran grandes, ovaladas (o redondas) y recubiertas por una cáscara overa en distintos tonos de verdes y marrones. La sandía en cuestión se cortaba en dos mitades y se la guardaba en la heladera para comerla después que toda la familia se levantara de la siesta y cuando digo todos, éramos todos sin excepción, ya que en aquel tiempo y sobre todo en verano, aquellos tórridos veranos santafesinos, dormir la siesta era sagrado. (Lo mismo que tomar sopa)
Cuando nos levantábamos, comíamos la sandía fría, con esa pulpa roja media arenosa, sus semillas negras y ese jugo que te chorreaba por todos lados y te dejaba todo pegajoso. Tengo que reconocer que era un placer, después de levantarse medio atontado por el calor, comerse un rebanada de sandía fresca, los cuatro sentados en el patio a la sombra, luego sí, cada uno con sus actividades, mi madre a la cocina, mi padre al taller mecánico de a la vuelta de casa y nosotros a jugar.
Teníamos prohibido comer sandía y después ir a la pileta de Carina, la vecina, nos decían que se podía endurecer en el estómago y ahí nomás nos quedábamos fritos. Nunca supe si era verdad o mentira, pero por la dudas nunca lo puse en práctica.
Y el domingo a la tarde, se repetía el ritual con la otra mitad que había quedado.
En fin, recuerdos de aquellos buenos viejos tiempos.
¡Cómo cambió todo y tan radicalmente, que hoy, hasta las sandías vienen cuadradas! Sí, miren la foto y si no me creen, péguense una vuelta por la verdulería que está a media cuadra de la plaza Chueca, sobre la calle de Barbieri, en pleno centro de Madrid y después me cuentan.

jueves, 18 de junio de 2009

Los sustos que te da el Estado.


Ayer fui hasta la oficina de la Agencia Tributaria (Rentas) en la zona norte de Madrid, en el barrio de Fuencarral a presentar mi borrador del Impuesto sobre la renta de las personas físicas, como lo hacen todos los contribuyentes, (Salvo aquellos que ganan mucho, pero mucho dinero y que viven en otro país, como es el caso joven piloto español de F1, que fijó domicilio en un cantón Suizo, pero bueno, ese no es mi caso) y que me dijeran si tenía que pagarle algo al Estado o si el Estado me devolvería dinero.

Sí, aunque suene utópico e increíble. Presenté todos los papeles y la documentación que solicitaban, pero, siempre los hay, faltaban dos datos; uno era la nomenclatura catastral del anterior piso donde vivía y el otro era, el consumo de luz del lugar de trabajo. Tuve que pedir una nueva cita para hoy, y hoy concurrí con todo, no me faltaba nada.
La señorita que me atendió comenzó a solicitarme toda la documentación, se la fui suministrando y cuando completó todo en su pantalla me miró y me dijo:
-Usted le debe al Estado casi € 3000 (Una cifra de cuatro dígitos!)
Glup! En ese momento sentí que el alma me llegaba al piso y se arrastraba por el salón lleno de contribuyentes ansiosos de saldar sus cuentas con el Estado.
-¿Cuánto?- dije con mi cara desencajada. La señorita me miró y volvió a repetir la cifra. -¿Perdón, pero,… está segura? ¿puso usted bien el importe del alquiler y todos los datos? -le pregunté. Ella me miró, miró la pantalla y me dijo;
-Sí, pero lo vamos a chequear nuevamente. -miró, revisó y dijo -Permítame los papeles otra vez- se los dí y ví que corregía algo. -Perdón, me equivoqué, puse mal el consumo de luz. El Estado le va a devolver a usted, € 700… -la miré, sonreí y respire un poco más aliviado.
-¿Segura…? -pregunté y ahora ella se sonrió y dijo:
-Sí, quédese tranquilo.
Y salí de la oficina muy contento, rumbo a mi lugar de trabajo. (Que no es poco en estos días)
Es la primera vez en mi vida que hago una declaración de rentas y es la primera vez en mi vida que un Estado, el español, me va a devolver dinero o sea parte de lo que pagué de impuestos. De no creer. Pero el susto no me lo quita nadie.

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