El frío y la lluvía se fueron definitivamente de Madrid.
Asumo que aún tenía algo de esperanzas, pero miré el weather.com el fin de semana, y ya nó; en los próximos días, sólo sol, alguna que otra nube, buen tiempo y el termómetro que comienza a subir lentamente, todos los días un grado… (Si el miércoles tendremos 29 º!)
Adiós, invierno adiós!
-Atrás quedaron esos días de nieve, agua nieve, lluvias y vientos, con el cielo gris, amenazante, con las estufas prendidas todo el día, con los calzoncillos largos, las camisetas de frisa, las camperas, y también los guantes, bufandas gorras y paraguas en el perchero de la puerta…
-Atrás quedaron las pavas de mate, las tazas de té y chocolate caliente y las horas escribiendo en la PC mientras afuera el termómetro marcaba “menos tanto…”
-Atrás quedaron esas noches de cocina elaborada, el vapor de la ollas y cacerolas, esas salsas portentosas, la copa de vino tinto y después una buena peli en dvd, con unos ricos chocolates…
-Atrás quedaron las horas de lectura de los fines de semana, tirado en el sillón, pegado a la ventana escuchando llover, las velas aromáticas encendidas y el calor del hogar…
-Atrás quedaron las pantuflas, las frazadas, el cubrecama y la cama calentita… (y la famosa cucharita…)
En fin, se va y se lleva tantas cosas del "adentro", de lo íntimo de una casa.
Con el sol de estos días, hace su entrada, casi un mes después, la primavera; ya calurosa, que dará lugar al sofocante verano con sus interminables días de sol para vivir el "afuera" de la casa, que tampoco está tan mal, pero es distinto, es más extrovertido.
Adiós invierno, adiós. Hasta dentro de unos meses.
La foto corresponde a la tormenta de la semana pasada y me hizo acordar a este poema que una vez memoricé en el colegio primerio y nunca más olvidé:
Diciembre, tarde, calor,
gran tormenta de verano.
Espesa nube de tierra,
fuga de coches y autos,
ramas de árbol por el suelo,
grotesco rodar de bancos,
chillona danza de hojas,
y papeles de diarios,
alarmas en los hogares,
silbos, carreras, portazos...
Parece que va a volar
el pueblo todo en pedazos.
Cayeron cuatro gotas
lo mismo que cuatro clavos,
y el pueblo está donde estaba:
quieto, fresco, alegre, claro.
(Baldomero Fernández Moreno, "Tormenta de Tierra")