
El improvisado cartel, impreso sobre una hoja A4, estaba puesto sobre la ventanilla del conductor, (obvio, del lado de adentro) del flamante auto japonés color gris metalizado, estacionado sobre la avenida Príncipe de Vergara, en pleno barrio de Salamanca en Madrid.
Mensaje directo para aquellos amantes de lo ajeno; que ni lo intenten, no vale la pena, otros, se les adelantaron y se fueron con la música a otra parte...
Es que con los tiempos que corren, ya no se puede confiar en nadie.